jueves 7 de mayo de 2009

Uno

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Respiro hondo. El aire de centro de la ciudad llena mis pulmones. Acabo de perder el trabajo pero por extraño que parezca me siento tan bien que casi no recuerdo la última vez que experimenté esta sensación. Saltaría de alegría si no fuera porque no quiero esparcir por la calle las cosas que guardo en esta caja en la que llevo los últimos cinco años de mi vida. Empiezo a andar sin rumbo fijo. Mi mente hace lo propio.
De repente me quedo sin respiración y los ojos están a punto de abardonarme. Todos mis sentidos se ponen alerta. Las sandalias más estupendas que he visto en mucho tiempo reinan en un escaparate. Me acerco para contemplarlas mejor y enseguida me enamoro de ellas. Levanto la vista lo suficiente como para darme cuenta de que el dependiente que las acaba de colocar me sonríe al tiempo que me lanza una mirada que lleva escrito "¿Por qué no te las pruebas?".
Sé que no debería hacerlo. Sobre mi hombro derecho acaba de aparecer mi yo racional que no deja de susurrarme: "Julia no lo hagas. Ahora debes pensar en tu futuro y gastar el menos dinero posible hasta que decidas lo que vas a hacer". Por supuesto, la otra Julia, atractiva, sensual y perversa se posa en el lado izquierzo y me murmura: "Venga. Has trabajado como una esclava durante años. Te las mereces. Qué mejor forma de celebrar el comienzo de tu nueva vida que luciendo unas sandalias hechas para ti".
La voz angelical vuelve: "Tienes pares sin estrenar en casa. No necesitas uno más. Deberías y a casa y..." Mi pobre lado bueno no puede terminar la frase. La Julia mas perversa e inconsciente se ha apoderado de mí. La adrenalina corre por todo mi cuerpo cuando entro en la tienda y el chico de la sonrisa perfecta se acerca para atenderme.

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